Muchas veces, aunque no nos demos cuenta de la realidad, de lo que diariamente vivimos, los oyentes debemos PONERNOS EN LUGAR de las Personas Sordas, comprenderlas, entenderlas, saber preocuparse por sus problemas, apoyarlos y defenderlos. Hay que mirar por ell@s, saber que pertenecen a nuestro mundo. No debemos sólo de preocuparnos de nosotr@s mismos siempre, de vez en cuando, es bueno también tener un poco de “empatía” hacia las Personas Sordas. Reconocer a alguien como Persona Sorda conlleva sobre todo, a la posibilidad de comprenderle desde dentro, de poder por un momento entender su propio punto de vista, aunque sea difícil de comprender lo que en ese momento dice. Hay bastantes personas que, para estar contentas necesitan no saber que algunas personas de su alrededor están pasándolo mal. Ahí, entonces el problema es que no nos sabemos aceptar. Entonces si no nos aceptamos, nosotros difícilmente aceptaremos a los demás. PONERSE EN LUGAR de una Persona Sorda, es algo más que el comienzo de toda comunicación, sobre todo de la comunicación en Lengua de Signos, una lengua muy viva donde las manos son las verdaderas protagonistas. El pleno del Parlamento andaluz celebrado en Sevilla, la aprobó el pasado 25 de septiembre de 2003 y nos hizo demasiado felices a todos los andaluces que pertenecemos a este mundo. Uno de nuestros principales derechos se hizo realidad y esa razón es que la Comunidad Sorda andaluza esta avanzado mucho y sin hacer ruido. Ese derecho es que las Personas Sordas, querían tener un RECONOCIMIENTO OFICIAL Y LEGAL DE LA LENGUA DE SIGNOS, sobre todo en Andalucía, lo han conseguido y por lo tanto su razón es con ello sus proyectos están viendo la luz y están dando una mayor y mejor difusión de la Lengua de Signos, por ello pueden estar contentos y felices. Pero ello, no quiere decir que todo está hecho, hay que seguir luchando y creando ideas. Podemos decir que, PONERNOS EN LUGAR de una Persona Sorda, es tomarle en serio, hacerla participe de nuestra vida, ser capaz de atender y entender sus razones, comprenderla en sus sentimientos, sus dolores, saber alegrarnos de sus triunfos, animarlos en las derrotas, aceptarla y considerarla igual que a nosotros mismos. No significa que siempre debas darle la razón en lo que hace y en lo que dice, no, debes de comportarte como si fueras el/ella. Pero todo esto anteriormente comentado, es solo una reflexión, que he hecho, aunque hay que tener en cuenta que somos libres y podemos elegir entre lo malo y lo bueno. Igual que, siempre que está el derecho de hacer, está, el de no hacer nada. Lo mismo que podemos decir sí, podemos decir no. Aunque no me hagan mucho caso. Pero si en algo me equivoco, no tengan miedo, díganme lo que está mal. |
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